miércoles, junio 28, 2006

Ámsterdam: La ciudad de los canales

Hace poco más de un mes tuvimos la suerte de poder visitar esta ciudad. Todo surgió tras una generosa invitación que Gonzalo y Mónica nos hicieron y que, por supuesto, fue aceptada en tres milisegundos ... como si no nos conocieran! (Ah, y por si se me olvida luego ... mil gracias por todo!).

No podríamos haber tenido mejores guías, apenas aterrizar, ya nos llevaron a admirar los primeros de tantos y tantos canales que veríamos a lo largo de nuestra estancia en Ámsterdam.


Si inicialmente nos sorprendían, al igual que la gran cantidad de bicis aparcadas a la orilla de ellos, pasadas unas horas prácticamente te habías acostumbrado, cosa que no ocurría con la inclinación de las casas … curioso, sí señor!

Encontramos los primeros tulipanes holandeses en el Mercado Flotante de Flores y como además el tiempo acompañaba ( y bastante!), continuamos callejeando por el centro de la ciudad.
Pasamos por la Universidad antes de llegar a la Plaza Dam, repletita de cosas chulas por ver: el Koninklijk Paleis, Niewe Kerk, el Centro del Diamante y por supuesto el obelisco Beurs Van Bercage.

A pocos metros de allí hicimos una paradita en un Febo para comer algo. Podemos decir, que salvo la leche, el arenque ahumado y el queso, la comida no era el fuerte de Ámsterdam.

El Febo es un local de comida rápida donde por un euro y medio tenías una ración de queso frito, croqueta, hamburguesa, etc. No recomendable para todos los días, pero sí para visitarlo mínimo una vez.
Y con el estómago un poquito más contento, nos fuimos al Reffer, un coffee-shop bastante céntrico y conocido… Hay que ver lo “legales” que son estos holandeses: p

Ese día todavía tuvimos tiempo de dar una vueltecilla por la zona de Duivendrecht, que incluía, entre otros sitios, el estadio de fútbol de Ámsterdam (Arena Ámsterdam) y el Heineken Music Hall.

Las excursiones fuera de la ciudad no esperaron mucho… a primera hora del día siguiente nos fuimos directos a Zaanse Schans.

Se trata de un pueblo, yo diría “turísitico”, cerquita de Ámsterdam capital.
Tenía sus propias fábricas artesanales de zuecos y quesos, de hecho, fuimos testigos de cómo hacían un zueco en 3 minutos!
Era un sitio precioso, con casitas típicas holandesas, puentes, molinos y animalillos sueltos por amplias zonas verdes.



En cuanto a los molinos, no nos conformamos con verlos por fuera, así que entramos en uno de ellos, en concreto en el Zaanse Molen.

El interior estaba muy bien conservado y con las aspas a la espalda, teníamos unas vistas magníficas del pueblo.

Continuamos descubriendo más zonas de Ámsterdam tras nuestra visita a Zaanse Schans. En concreto NieuwMarkt, la zona de Herengracht y el Barrio Rojo.

La expedición continuó a la mañana siguiente, nuestro objetivo esta vez Delft. Bajo mi punto de vista, era como una réplica de Ámsterdam en pequeñito. Tenía canales, bicis, casas típicas holandesas, molinos… Merece la pena ir!


Aprovechamos para hacer noche en un camping de Delft, noche con muy buenos recuerdos, no sólo por el buen ambiente, sino por la excepcional compañía! ... Será muy muy difícil olvidar esos momentos tan risueños :))

La ruta prosiguió después de un buen desayuno frente al lago del camping en dirección al Keukenhof, el mayor parque floral del mundo.
Tan sólo abre un par de meses al año, pero es digno de ser visitado y admirado. En mi vida había visto tantas flores juntas y con tanta armonía entre ellas. La variedad era muy amplia, pero sin duda, el tulipán era la estrella.

No sabemos lo que sucedió, pero de repente la cámara de fotos se puso en modo vegetación y ale! a disparar a lo loco!!!! :p
Como no es plan de mostraros en un post todas las fotos, dejo una de muestra:


Todavía nos quedaban zonas por recorrer en Ámsterdam… y claro, después de cuatro días a pie, pensamos que una buena opción era alquilar unas bicis.
Y así lo hicimos, primero cogimos fuerzas tomando unos bocatas de arenque ahumado en el Barrio Indio y pedaleando nos recorrimos buena parte del noreste de esta ciudad.
La tranquilidad del ambiente y el aire puro que se respiraba no tienen precio!


La última parte de Ámsterdam que visitamos, nuevamente a pie, fue la que bordeaba a la Casa de Anne Frank. Por las circunstancias y el tiempo que restaba a nuestro viaje, decidimos no entrar en ella. Lo mismo nos sucedió con los museos de esta ciudad… Ya tenemos una excusa para volver! … pero antes de coger el avión, ya teníamos claro que optábamos por un viaje de relax y sin prisas… Y así fue… toda una inyección de adrenalina para volver a la rutina… hasta próximo aviso ;-)